Tras la caída de Constantinopla en 1453 comenzó un periodo histórico en
Europa marcado por un vuelco del pensamiento y un renacer artístico y
científico. Durante este periodo la
monarquía fue ganando popularidad mediante uniones entre familias reales y el apoyo de estas familias a la burguesía y
al clero. Estas monarquías supusieron el origen del absolutismo, sistema
político más frecuente en los siglos XVII y XVIII, donde el rey concentraba
todo el poder del estado y recibía el poder de Dios. Dicha monarquía ocupaba,
junto a la nobleza y el alto credo, el primer estado que componía la sociedad,
por encima del segundo estado, ocupado por el clero, y el tercer estado,
constituido por la burguesía, campesinos y artesanos.
Por lo que respecta al ámbito religioso, durante este periodo se produjo un
movimiento denominado reforma protestante, por el que aparecieron dogmas o
doctrinas de carácter religioso como el luteranismo, el calvinismo o el
anglicanismo. A pesar de esto, este movimiento religioso tuvo una respuesta
denominada contrareforma, el cual establecía normas muy estrictas sobre el
dogma religioso y reglamentos para las distintas órdenes religiosas.
Otro aspecto característico de este periodo es el gran desarrollo
científico. En este campo destacaron dos corrientes, por un lado el método
experimental o empírico de Francis Bacon y por otro lado el Racionalismo
intelectual de René Descartes.
Además de todo esto, otro de los acontecimientos que caracterizaron este
periodo fue la expansión de Europa por el continente americano, en un proceso
denominado colonización. Durante este
proceso se expandió las lenguas europeas, el humanismo y el cristianismo por el
resto del mundo y se produjo un intercambio de alimentos entre América y
Europa. Este proceso de colonización tuvo un gran impacto en la economía, que
tenía la agricultura como base, y el mercantilismo, con la apertura de nuevas
rutas para las materias primas.
Finalmente, en lo concerniente al arte y la cultura en este periodo de la
historia destaca el renacimiento, el cual tenía el humanismo como base de su
cultura, que tenía al ser humano como el centro de todo el mundo. El
renacimiento suponía la vuelta a los cánones estéticos clásicos, teniendo un
gran cuidado con la proporcionalidad, el equilibrio y la perspectiva, y se tuvo
su origen en Italia. No obstante, con el tiempo, estos cánones estéticos fueron
cambiándose estableciendo una nueva corriente artística donde dominaba el
movimiento, la fugacidad, el tenebrismo, las contraposiciones y una gran
tensión emocional.


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